Ventajas de ser informático/a.
Probablemente pocas, pero que te hagan un 10% de descuento en una tienda por ayudar a la dependienta a imprimir unos billetes de tren, es una de ellas.
Probablemente pocas, pero que te hagan un 10% de descuento en una tienda por ayudar a la dependienta a imprimir unos billetes de tren, es una de ellas.
Hoy me puse el anticelulítico en la cara, y el antiojeras en las orejas.
La crema reafirmante en el pelo, y el reparador labial en las pestañas.
En las piernas, el fortificador de uñas, y en los sobacos la laca.
El antiarrugas, en los pies.
Y me lavé los dientes con la loción anticaspa.
Con tantos tubos, tarros, botes, recipientes, y envoltorios que hay en mi tocador, era de esperar que cualquier día me confundiera.
Avui pensava dir-te moltes coses, algunes sense pensar però no totes les que penso. I mai a l’atzar.
De fet de tant donar voltes, t’hagués dit les coses que en realitat, no penso.
I al final no he dit res.
El otro día en el trabajo vi algo que hacía años que no veía: una hoja corregida con Tipp-Ex. Y era una hoja impresa.
A todos nos pasa, editas un documento, lo mandas a imprimir y entonces te das cuenta que hay un error. Reconozcamos que lo que nos cuesta menos es corregir el error y volver a imprimirlo, así que, pasada la sorpresa y la sonrisa inicial de ver la hoja tippeada, me alegré de que haya alguien con espíritu ecológico y ahorrativo. Su prudencia no compensará los derroches de tinta y los despilfarros de papel de todos los demás, pero es un grano en la gran montaña de arena del consumo.

En esta, la época de la información, donde se promueve la usabilidad, el uso de las nuevas tecnologías, y la facilidad al usuario en sus tareas, los señores de las elecciones han fallado.
Caray lo difícil que era doblar y meter en el sobre la papeleta del senado. Con mucho cariño, empeño y paciencia, he conseguido encajar la hoja sepia, así que no me ha extrañado que al llegar a la mesa, la urna del congreso estaba a la mitad, y la del senado apenas tenía unos pocos sobres.
Señores, la usabilidad también cuenta en lo analógico.
Hoy pasé por al lado de un coche de esos sucios hasta decir basta. Una capa de polvo espesa y heterogénea lo cubría en toda su superficie.
En el capó, alguien le había dejado al propietario un mensaje a dedo:
“¡LÁVALO, GUARRO!”
Sin duda un mensaje justificado y razonablemente inspirado por el aspecto del vehículo.
Y he pensado que esa debe ser más o menos la inspiración que los pocos visitantes de este blog deben sentir cuando llegan y se encuentran este escenario desolador vacío de contenido y de posts. Vamos, que porque esto es digital y aquí no hay motas de polvo, pero si existen los píxeles polvorientos, de esos aquí hay un montón, ¡pasen y vean!.
Así que os ahorro el escrito a dedo y yo misma lo dejo caer:
“¡ESCRIBE, VAGA!”
Quizá funcione.
Por algún motivo que todavía desconozco, me sucede a menudo que gente ajena a mi, y circunstancialmente anónima, me habla. Puede que sea yo, lo admito, quien de alguna forma les invite a aproximarse y dirigirme unas palabras que en ocasiones se transforman en conversación. O puede que en realidad sea algo que le pase a todo el mundo. Lo cierto es que a veces estos encuentros se resuelven en situaciones curiosas.
Fue la pasada semana en Madrid cuando tuve el último de mis episodios curiosos. Íbamos en el metro camino del centro, algunos compañeros de trabajo y yo. A nuestro lado una señora. Es mayor, aunque parece en forma. Hay sitios libres esparcidos por el vagón, pero el compañero a mi izquierda le cede su asiento, por ser el que le quedaba más cercano.
Ella, muy digna, le agradece el ofrecimiento y se sienta.
- Ya se me notan los años, hija. Me lo dice con una media sonrisa que adivino pícara. La miro, sonriéndole abiertamiente.
- Si se le notan para que la dejen sentar, no sale perdiendo. Es una mujer guapa. Lleva el pelo recogido en un moño bajo, algunos mechones le enmarcan el rostro. Los cabellos son oscuros pero se entreven bastantes canas.
- Tengo 78 años, ¿eh, bonita?. Me lo dice orgullosa, asintiendo lentamente, esperando mi reacción.
- ¡Quién lo diría! Mi sorpresa es sincera. Pues quien tuvo retuvo señora, que está usted muy bien.
- Y fui Miss Madrid. En 1950.
Me concedo la licencia de mirarla detenidamente. Tiene el aspecto de haber sido una mujer bella, y un porte algo altivo, de quien se sabe seguro de sí mismo. Los surcos de su cara delantan irremediablemente su edad, pero sus ojos, tremendamente expresivos, y sus rasgos armónicos, le dan un aire juvenil que envuelve sus casi 80 años de vida.
El trayecto en su compañía es corto, se baja en la primera parada. Me mira mientra se levanta, elegante, dando medio giro a su cuerpo, y acompañando un leve movimiento de cabeza, me dice adiós. Quiero imaginármela haciendo ese mismo gesto en el Madrid de 1.950, y trasladándome a ese momento, me reafirmo en mi primera impresión. Debió ser una mujer muy bella, y a fe que a ojos como los míos, lo sigue siendo.
Hoy he estado en el Bingo, por primera vez. Ha sido cañí y exótico.
Sólo hemos jugado 10 euros invitados, de los que no hemos obtenido beneficio en ninguno de los 5 cartones. Lo más aprovechable del ratito pasado allí ha sido observar el público “tipo” que puede asistir a estos locales. Todos muy auténticos, como salidos de una peli de cine negro. Las que más, las que trabajan allí.
Un escenario muy pensado, y un tanto lúgubre. El juego se desarrolla sin dejar nada al azar (a parte de la extracción de las bolas). Se juega a un ritmo rápido, ayudados por algo de tecnología.
Me ha llamado la atención que apenas se habla, sólo en ese lapso de tiempo entre que alguien canta bingo y se empieza un nuevo juego. Aunque por otra parte la gente expresa las emociones en voz alta. Cuando alguien canta línea y le ponen una banderola en la mesa con la L, expresan el desánimo por no haber sido ellos. Cuando el cartón se alarga y nadie canta bingo, se oyen murmullos - Debe estar al caer. Y cuando alguien canta el bingo, se levantan las cabezas, se mira la mesa afortunada que es banderillada con una B, y se apresuran a comprar un nuevo cartón.
No creo que vuelva en breve, pero ha sido menos dramático de lo que pudiera haber pensado.